miércoles, 22 de octubre de 2008

48

“Las cosas más triviales se vuelven fundamentales…”. Héroes del Silencio le pone la banda sonora a esta mañana primaveral y soleada en la que paso por la puerta del colegio en el que viví los años más felices de mi vida. Cómo si las paredes hablaran, me quedo parado frente a la reja en la que esperé mil veces a mi mamá a que me viniera a buscar, en la misma reja en la que esperé otras tantas a mi papá (que nunca no llegó).
Mientras miro a Roberto, el eterno portero que saluda a todos como si se acordara de cada uno, me prendo un cigarrillo, con la esperanza de que alguien me lo haga apagar (“cómo va a fumar delante de los chicos, señor, no sea ordinario”) y se pierda en el intento al reconocerme (yo, el hijo pródigo, abanderado de la Promoción 93).
Terminado el rubio de 30 centavos la unidad y el recreo inverosímil, me dispongo a seguir con la rutina que implica llegar a mi casa, cocinar y volver a salir (son estos los momentos en los que añoro tener el poder de acelerar el tiempo para que las horas huevo pierdan la calidad de tales).
Cruzo por la calle donde la empanadería se rindió ante los ladrillos sojeros cuando escucho un “estás más viejo, pero caminas igual”. En efecto, desde que me acuerdo, todos (madre, novias, amigos, hermano) me achacan el andar cansino, casi arrastrando los pies y con las rodillas flexionadas (“cuando seas viejo te va a matar la artrosis, Mono”)
Me costó reconocerlo. Ese nene de ojos verdosos con pelo rubio “corte tasa” le dejó su lugar un tipo fornido, de anteojos oscuros, barba de tres días y pelo muy corto, rendido ante lo inevitable de la herencia. Era E. Culo-calzón desde los 7 hasta los 12, junto con J.
Tras hacer un par de cuadras en su auto, un utilitario blanco, resolvemos parar en un bar para poder charlar tranquilos. Sentados afuera (“para que podamos fumar”), comenzamos a recordar anécdotas obvias. El, yo y J a todos lados juntos, los grupos para hacer las guías de trabajo (con F, la única mujer del grupo), el fútbol (J y yo contra el), la facilidad que tenía para levantar minas (“toy de novio hace cuatro años, pero de tanto en tanto un tirito hago), lo bien que jugaba al básquet, su cantidad de dientes, etc…
A la tercera cerveza (me doy cuenta que cuando lo dejé de ver, a los 15, en el cumpleaños de mi primera novia-beso todavía no tomábamos legalmente), caigo en el lugar común (algo usual, sobre todo si hace años que no lo veo) “¿Cómo está tu vieja?”.
Inmediatamente, su cantidad de dientes se apagan y, como si volviéramos a esos años en los que me hacía sentir diminuto (cosa que odiaba, pero por cierta envidia), me tira con una tapita.
“Bien. Bah, en realidad por ahí delira un poco. Llego y le pregunto qué hay de comer y me sale con que lo esperemos al viejo. Cuando le digo que el viejo murió hace 11 años se larga a llorar. Es jodido”, me dice mientras mira para abajo, como sintiéndose responsable por el estado de la vieja.
Largo el “es jodido, pobre vieja” y trato de cambiar de tema. De novio, laburando, luchando contra la facultad (“siempre fuiste traga. Los anteojos te delatan”), que cuando nos juntamos a comer un asado, que sabés de José, lindo culo tenía Nadia, la de tercero, el otro día me la crucé, está hecha una vaca, pero le doy…
Cuando nos quisimos dar cuenta, la tarde le ganó al mediodía y cada uno tenía que seguir con su vida así que quedamos en volvernos a ver. “Me robaron el celular, dame el tuyo y nos juntamos a tirar un animalito a la parrilla y tomar un fernet”.
Vuelvo a casa con la cabeza renovada. Ver a E me cambió el semblante del día y hasta me dieron ganas de hacer una juntada con los chicos. “Mañana mismo me pongo las pilas y empiezo a mandar mails para arreglar algo”, me miento.
Al día siguiente, creo, me lo encuentro a U en la calle. El encuentro no fue de las características del que tuve con Emanuel porque sencillamente lo veo casi todos los días. “Eh, puto, que hacés”.
Ni falta hace que nos sentemos a tomar algo. De parados nomás, en la puerta de la reja del colegio donde pasé los días más felices de mi vida, donde casualmente trabaja como secretario técnico, me prendo un pucho y me apresto a compartir mi alegría.
“No sabés boludo, me lo crucé a E. Está pelado el hijo de puta. Me contó que la madre sigue mal por lo del viejo, que delira. Me da lástima por el hermanito, bah, hermanito, debe tener como 17 el pendejo. La cuestión es que quedamos en juntarnos así que avisale a los chicos porque en cualquier día me llama. Como le afanaron el celular me dijo que me iba a llamar para poner fecha. Estaría buenísimo ¿Qué te parece?”.
No más de 30 segundos demore en vomitarle todo esto. Pero para U pareció un eterno viaje al pasado. Con esos ojos redondos, tan redondos como su cara y su cabeza, que le hacen juego con la panza, U dejó de lado esa hormonal forma de vida que lo posee y me miró con las cejas, con la nariz, con las orejas, con los cachetes, con la barba candado, con la pelada, con los dientes. “Boludo, E. se murió hace 11 años, en un accidente de autos”.

martes, 23 de septiembre de 2008

Blanco sobre negro

A quien corresponda es uno de los pocos libros que se atreve a esbozar una crítica del accionar de la resistencia armada durante la dictadura en nuestro país desde dentro de una de las organizaciones, en este caso Montoneros.

Con muchos puntos de contacto con la realidad, la novela del autor de La Voluntad, Larga distancia y Boquita, entre otros, pone blanco sobre negro un interesante abanico de posiciones críticas con respecto al accionar de la resistencia durante la dictadura. Guiños tales como el ministro ex Montonero o un capellán militar son los “ganchos” para contar los avatares de Carlos (o Gallego o Colorado), quien luego de un prolongado y autoimpuesto luto se dispone a averiguar qué pasó con su mujer, quien está desaparecida y que al momento de ser chupada se encontraba supuestamente embarazada. Como si fuera poco, Carlos (o Gallego o Colorado) debe enfrentar el cuestionamiento de la Generación X, para quienes dejar la vida (o quitarla) por una idea es algo que no está dentro de su cosmovisión.

Al final, lejos de cerrar la historia, invita a repensar un pasado (tan de moda desde de el inicio de los tiempos K) que recién ahora está siendo puesto bajo la lupa. La riqueza del texto y la versatilidad de Caparrós son el toque distintivo de esta novela que, paradójicamente, se encuentra dentro del sesentismo que critica.

(Publicado en Letreros, pasquín literario)


miércoles, 17 de septiembre de 2008

Hacerse cargo

"Que ahora les da un poco de verguenza haber sido violentos, porque no tienen más remedio que decir que la violencia es mala -la corrección política, el aire de los tiempos-, entonces se inventan la idea de que los violentos eran los otros. Es fácil decir que la violencia no sirve cuando no querés nada: se puede pedir pacíficamente al Estado un aumento de cien pesos para las maestras; no se puede pedir pacíficamente al dueño de diez mil hectáreas que las reparta entre diez mil personas. Si lo que querés es gobernar para ricos, es obvio que la violencia no entra de ninguna manera, que las violencias que puede haber te pueden jugar en contra. Pero si alguna vez algun sector, alguien, intenta cambiar en serio este mundo de ricos ¿no lo van a atacar con toda la violencia que los ricos tengan a su disposición -con toda la violencia? Entonces, ¿los que intenten esos cambios no tendrán que buscar otra forma de defenderse contra esa violencia -una forma que sea violenta?

-O si quieren que se los diga de otra forma: ningún cambio ocurrió nunca sin violencias. Piensen en la revolución francesa, en la independencia de las colonias americanas, en el fin del nazismo, en lo que quieran. Podemos renunciar a la violencia -sería genial poder renunciar a la violencia-, pero padece que la condición consiste en renunciar a esperar cualquier cambio real. Es una opción, y parece que ustedes la tomaron.

-¿Quién es ustedes, Colorado? ¿A quiénes les estás hablando?"

A quien corresponda, Martín Caparrós.

jueves, 3 de julio de 2008

Mamá espera

Versión (muy libre) de un poema de Li Po (701-762).

Todavía no han regresado.

Y nosotras, tenemos que cuidar unos pañuelos,

blancos como nuestros cabellos,

para los amargos días venideros.


Sin ustedes a nuestro lado,

esos días serán muy tristes.


Por eso juntamos nuestras fuerzas de mujer,

y cantamos tan fuerte, que quizás lo oigan.

Llegando el estruendo a través del aire.


Homenaje del Indio Solari a las Madres de Plaza de Mayo.

viernes, 27 de junio de 2008

Pero se que si me das
un poco de tu cariño
lo demás no va a importar...

jueves, 19 de junio de 2008

"Los dolores que quedan...


... son las libertades que nos faltan".

miércoles, 18 de junio de 2008

Hoy su cara está en todas las remeras


"La revolución no se lleva en los labios para vivir de ella, se lleva en el corazón para morir por ella".

lunes, 9 de junio de 2008

Preguntitas sobre Dios

¿Y si Dios realmente existe?

¿O fue karma?

¿Uno cosecha lo que siembra?

¿O fue pura suerte?

¿Eh?

jueves, 29 de mayo de 2008

Un nudo

"¡La verdad florece y la impunidad se va acabando. La memoria de las 30.000 compañeras y compañeros desaparecidos será justicia carajo!"

María José Loto, HIJOS Córdoba. 27 de mayo de 2008

Desaparecidos, Ricardo Carpani

viernes, 23 de mayo de 2008

Viajes

"Los mejores viajes los hice sentado en el sillón que tengo en casa".

jueves, 22 de mayo de 2008

Aburrido

"Ay, no sé", dijo, y se volvió hacia Rímini y miró su helado. "¿Vos que pediste?". "Limón", dijo Rímini. "¿Limón solo?", dijo ella, lamiendo el costado de la ladera que Rímini se reservaba para más tarde. "Si". "Cierto que eras aburrido para los helados", dijo ella, y volvió a girar hacia el empleado y dijo: "Limón, limón solo, por favor".

El Pasado, Alan Pauls.

jueves, 15 de mayo de 2008

Reina


"Solía vivir para el sexo. Solía ser una vieja puta que se levantaba cada mañana, se rascaba la cabeza y se preguntaba con quien quería acostarse ese día. He dejado de salir de marcha, se han acabado las noches de fiestas salvajes. Casi me he convertido, poco a poco, en una monja".

"Mis letras y mis canciones son fundamentalmente fantasías. Me las invento. No soy uno de esos compositores que salen a la calle y de repente se siente inspirados por una visión... No, me inspiro simplemente sentado en la bañera".

"Tuve una novia con la que viví durante cinco años, Mary. También he tenido novios. Pero arruinaría el misterio si siempre lo explicara todo de mí mismo".

Farrokh Bulsara (Stone Town, Zanzíbar, 5 de septiembre de 1946 - Londres, Reino Unido, 24 de noviembre de 1991)

miércoles, 14 de mayo de 2008

Donde no llega el hombre con sus jaulas


ni la maquinaria de la supervivencia....
Isla del sol, Bolivia, febrero 2007
Despedazado por mil partes, La Renga

martes, 13 de mayo de 2008

Tic, tic, tic

Tic, tic, tic

Chiquita. Vista así, pareciera que a nadie le molesta. Que su paso por el mundo será fugaz como el amor por las mozas, como un buen gol, como un adjetivo bien puesto, como una frase dicha en el momento exacto a la persona justa. Que vino y se fue, sin que nadie se diera cuenta. Lo que es peor, es la misma condena que sufrirán sus congéneres.

Tic, tic, tic

¿A dónde van cuando se gastan? Mil veces me pregunté lo mismo. La tira de Mafalda y los minutos. El “¡qué responsabilidad!” de Felipe podría ser una respuesta. Pero no, me encanta el éxito fácil (a quien no). Me conformé con imaginar mundos lejanos poblados por seres de igual trascendencia. Allí, a lo mejor, estarían las hormigas, los bichos bolita, las amebas, los amores prohibidos y los no correspondidos.

Tic, tic, tic

Y sin embargo, siguen ahí en mi cocina. Infinitas veces, su repiqueteo me incomoda, me molesta y me dispongo a acabar con su intrascendencia. No, me digo. No soy nadie para cambiar el curso de las cosas. Después pienso: con su lenta pero constante fuerza, movieron continentes, rompieron montañas, causaron tragedias, demostrándoles a la raza humana todo su poder. No. No soy nadie para cortar el (inexorable) curso de las cosas.

Tic, tic, tic

Armado de valor, tomé conciencia y me enfrenté al espejo. “Estoy así no va más”. Me reproché haberme escondido y evitado el problema (como siempre hago) en vez de enfrentarlo. “En realidad, más que dejarlas ser, estoy favoreciendo los intereses del imperialismo cipayo”, me dije redundantemente. Entonces, en un alarde de practicidad y fuerza interior que me sorprendió, hice lo que tenía que hacer.

Tic, tic, tic,

Ellas y yo. Yo y ellas. Desafiantes, solos, sin apoyo más que el que podían darnos nuestras creencias y convicciones. Tic, tic, tic, tic, comenzaron a caer más rápidamente, como nerviosas. Mi corazón latía entre excitado y nervioso. Era un momento crucial.

Tic, tic, tic

Ahora siguen cayendo. Debo reconocer que fue una victoria parcial. No pude arreglar el cuerito de la canilla de la cocina de mi casa. Pero, al menos, puse una jarra de dos litros y medio para que el agua que se acumule ahí no se desperdicie. El tic, tic tic, se transformó en plop, plop, plop. Me consuelo pensando que ahora el paso de esas gotitas por este mundo no será en vano.

PD: Si alguien me dice como cambiar un cuerito, agradecido.
Actualización: Por una extraña fuerza que desconozco, las gotitas dejaron de caer sin que yo intervenga. ¡Cosa e' mandiga!

Bermuda talle M

Mide casi 170 metros, o quizá un poco menos, porque está subida a una pequeña escalera. No se parece en nada a otra, pero igual tiene una belleza exótica. Máximo 25 años, morocha, pelo ondulado. Hace rato que la estoy escrutando, con ganas de pedirle algo más que lo que habitualmente se hace. Me imagino saliendo de la mano por lugares que aún no conozco. Me imagino empezando el año en su lecho, aún sin poder recuperarme de un encuentro que seguro sería memorable. El pantalón tiro bajo deja ver parte de los “huesitos” de la cadera, que a su vez está cubierta con un culotte negro con brillitos. Ése es el disparador para que mis más bajos instintos comiencen a pulular por mi mente. No me importa quedar como estúpido, mucho menos ser evidente. La gente está demasiada ocupada en la Navidad en esta época como para advertirme.Para ellos seré un ave de paso por su universo cargado de bolsas, moños, tarjetas de crédito, dinero que sirve para tapar las penas, transpiración, humedad, gritos, “pordioses” y demás. Incluso para ella también. Abrigo la esperanza de que no sea así. “Hola me llamo XXX, como estás”, sería un buen comienzo. No, sería demasiado obvio, teniendo en cuenta su rol de vendedora. Mejor un “que calor, no doy más. La gente está cada vez más loca”. Sí, así es mejor. Siempre fui bueno entablando relaciones con desconocidos, sobre todo a partir de comentarios por demás superficiales pero que en realidad dejan abierta la puerta para conversaciones más profundas. A veces pasa, casi todas no. Mis pulsaciones se aceleran y mi corazón comienza con latir cada vez más fuerte. Ella (que en realidad mide mucho menos de 1.70) se me acerca y me clava la vista. Siento el mismo frío en la espalda que me asalta cada vez que vivo una situación así.
“Hola, me llamo Mariela” (pudo ser peor, pero es un comienzo)
“Hola, ¿cómo estás?”, alcanzo a tartamudear
“Bien, con calor, la gente está muy loca” (¡vamos carajo!)
“Y sí, las fiestas y el frenesí de fin de año”, intento explicarle
“Imaginate, estoy desde las 9 encerrada acá un 24 diciembre”, me dice
“Bueno, pero ya se termina. Es por estos días”, le digo
A partir de ese momento sentí miedo. Si, miedo. No sabía hacia donde podía derivar este frugal diálogo sobre la Navidad. Mil de opciones para continuar la charla se cruzaron por mi cabeza, ninguna me convenció. O todas, pero no me animé.
“¿Qué andás buscando?”, arremete
“Estehhh ¿tenés esta bermuda en talle M?, me resigno (N de R: estaba embobado, los pantalones no vienen en talles S,M o L, sino en números)
“Es la última que me queda. ¿Por qué no te la probás?”, me intima
Entro al probador, esperando que me ocurra como en la canción de Virus. Minutos después, al ver que nada de eso sucede, salgo con mi decepción a cuestas y enfilo directamente hacia la caja. Pago e intento escabullirme entre la gente, sin que Mariela me vea huir.
No lo logro, con su sonrisa, a estas alturas diabólica, demencial, cansada, me dice “Gracias, flaco. Feliz Navidad”.

Questions

Desde hace un tiempo se me han ocurrido un par de preguntas cuasi existenciales que espero la blogósfera o alguien me ayude a resolver:

¿De quién es el perro que está desde hace 20 días en la puerta de casa? ¿Y que encima me mordió post entrega de un chorizo?

¿Qué tengo que hacer para que no me roben el diario si no me levanto a buscarlo antes de las 8? (De cinco que recibo, leo dos)

¿Por qué los perros me ladran solamente a mí y me persiguen?

¿Por qué la más linda se va con el más feo y ese feo no soy yo?

¿Cuál es el motivo que tienen las viejas para limpiar la vereda luego de la lluvia?

¿Quién dijo que los días de lluvia son feos?

¿Cuándo voy a recibirme?

¿Por qué cuando estamos tristes ponemos canciones tristes para sentirnos mejor (Cerati dixit)?

¿Juntaré plata para hacer ese viaje?

¿Quien me presta plata para ese viaje?

Si quieren pueden agregar otras... no creo que las responda.

lunes, 12 de mayo de 2008

Ambigüedades


Entra despacio
Que nadie oiga tus pasos
mientras tanto
si los nervios no traicionan
todo irá bien
Dejemos los besos
para los enamorados
y pensemos en lo nuestro
que por eso te he pagado
aunque esta noche
sea sólo mercancía para mi
Dejo en tus manos
lo que hemos acordado
y la lluvia de hace un rato
ahora sólo... necesito descansar
y dejemos que los sueños
se apoderen del deseo
recordemos que en lo nuestro
se me olvida un momento
aunque esta noche...
sean solo unos billetes para ti
Pienso en los años
que llevas derredando
con un hombre por bandera
ahora solo quiero oirlo una vez mas
y dejemos que lo cierto
sea lo que imaginamos
recordemos que lo nuestro...
todavia no ha acabado
aunque por esta noche (por esta noche)
nos podemos despedir


Héroes del silencio