"Que ahora les da un poco de verguenza haber sido violentos, porque no tienen más remedio que decir que la violencia es mala -la corrección política, el aire de los tiempos-, entonces se inventan la idea de que los violentos eran los otros. Es fácil decir que la violencia no sirve cuando no querés nada: se puede pedir pacíficamente al Estado un aumento de cien pesos para las maestras; no se puede pedir pacíficamente al dueño de diez mil hectáreas que las reparta entre diez mil personas. Si lo que querés es gobernar para ricos, es obvio que la violencia no entra de ninguna manera, que las violencias que puede haber te pueden jugar en contra. Pero si alguna vez algun sector, alguien, intenta cambiar en serio este mundo de ricos ¿no lo van a atacar con toda la violencia que los ricos tengan a su disposición -con toda la violencia? Entonces, ¿los que intenten esos cambios no tendrán que buscar otra forma de defenderse contra esa violencia -una forma que sea violenta?
-O si quieren que se los diga de otra forma: ningún cambio ocurrió nunca sin violencias. Piensen en la revolución francesa, en la independencia de las colonias americanas, en el fin del nazismo, en lo que quieran. Podemos renunciar a la violencia -sería genial poder renunciar a la violencia-, pero padece que la condición consiste en renunciar a esperar cualquier cambio real. Es una opción, y parece que ustedes la tomaron.
-¿Quién es ustedes, Colorado? ¿A quiénes les estás hablando?"
A quien corresponda, Martín Caparrós.
miércoles, 17 de septiembre de 2008
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